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Molina Campos fue un autodidacta; jamás recibió enseñanza alguna ni perteneció a grupos artísticos que pudieran influirlo. Siempre se consideró un "dibujante costumbrista" y nunca se tituló ni artista ni pintor. tenía una admiración profunda por los grandes maestros de la pintura, que lo apabullaban con sus obras, sobre todo después de visitar los grandes museos europeos.
"Debo agradecer a la Providencia -decía en una oportunidad- el que me haya permitido la osadía de insistir en esto que no tiene la pretensión de ser pintura; pintura en el sentido académico, esto es, a lo que atañe al seguir y ajustarse a la técnica del Arte. Sólo sé que honradamente y, por qué no decir irreverentemente, he tratado de representar eso que ha sido la vida campesina de nuestra llanura porteña o bonaerense como se llama hoy."
En cuanto a los materiales que usó, comenzó con acuarelas sobre papel Canson terminando los perfiles con trazos de tinta, a la que recurría cuando era imposible afinar en demasía el pincel. La témpera fue su fuerte, aunque utilizó el óleo, muy duro para su estilo. Sus bases fueron dispares, usando, en general, papeles y cartones granulados o lisos, telas, maderas, aglomerados y hasta tapas de cajas de ravioles.
En las primeras épocas, Molina Campos comenzó a pintar sus acuarelas sobre temas camperos con horizontes indecisos, muy altos o carentes de ellos hasta que logró darle su justo punto. Se conservan una decena de sus primeros trabajos y salvo los temas, que serán repetidos en años posteriores, son difíciles de reconocerlos como suyos. Pero su estilo se determina oficialmente a partir de su primera exposición en 1926. Es su segunda época, y los personajes tienen características fáciles de reconocer si no tuvieran fecha ni firma.: sus paisanos son delgados, de ojos saltones, los tonos son parejos y los animales son esqueléticos y se destacan sus ojos grandes como huevos.
Hacia el '30 comienza su tercera etapa, donde va dando cuerpo a sus personajes que adquieren robustez, ya sean personas o animales. Se afina como paisajista y cada detalle puede ser observado con una lupa, para descubrir los frutos de una vista privilegiada. A veces recurre al lápiz o la tinta, cuando tiene que tender alambrados tensos, pero su pincel logra lo quq quiere y se multiplican las líneas en los pastos, los techos de paja, las líneas de las maderas, los coloridos de los ponchos, las venas de los cuerpos, la intención de los ojos. Son miles los detalles que se pueden obsevar ayudando la intención general de la obra. Jamás se repite, aún cuando la intención de fondo sea la misma; en cada cuadro pondrá algo distinto y propio, que lo hace diferente a los demás. El proceso de elaboración de un cuadro es cuidadoso; primeramente hace un bosquejo en lápiz sobre papel manteca u opaco y luego vuelca en el cartón o la tela. En determinados casos, pinta antes el fondo o la escenografía donde van a campear los personajes. Y como escenógrafo, Molina Campos es también un perito indiscutible, como le es además la intención psicológica de cada personaje. Hombres y animales no son indiferentes a la intención de fondo, tdoos siguen el tema y cuando trata de juegos de a caballo, los animales parecen jugar más que sus jinetes.
Diversas opiniones se han aventurado sobre Molina Campos en cuanto a intención, muchas correctas y corroboradas por el artista, pero él mismo dejó en un escrito su verdadera intención, que data aproximadamente de 1951: "Yo no hago más que expresar la realidad, exagerando ciertos rasgos -como si los viera a través de un lente deformador- de personas y animales. Pinto al gaucho, el que he visto en años lejanos, cuando aún existían verdaderos gauchos, porque los conozco y los comprendo. Dentro de poco, aventados por el progreso y el cosmopolitismo, será tarde copiarles del natural. El gaucho se va convirtiendo a toda prisa en el pe´øn sin características raciales, así como el ganado criollo se ha ido transformando en pacíficos puros de pedigree de todas las razas. Simplemente quiero captar y perpetuar en mi obra todo lo que hay de interesante y pintoresco en ese gauchajeque pronto será sólo un recuerdo, una leyenda. Mi técnica consiste en eliminar, sin vacilaciones, detalles que, por no añadir nada interesante, sólo sirven para recargar el cuadro y oscurecer su verdadero sentido. Acentúo lo característico, lo auténtico del gaucho y de su ambiente, haciéndolo resaltar casi hasta la estilización. El gaucho, al verse representado así, se reconoce; siente que aquello es verdadero y lo admite sin recelos, porque nunca lo muestro en situaciones arbitrarias.".
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